22 octubre 2017
La angustia que conlleva tener un hijo con discapacidad, agrega mucha más presión de cómo manejar este tema. Existen diferentes tipos de relaciones al tener hijos con alguna necesidad especial, sobreprotección extrema, falta de aceptación, culpa si la discapacidad se originó luego del nacimiento.
Si internamente no logramos superar o aceptar la condición de nuestros hijos, será una crianza difícil ya que nos costará ponerles límites, la culpa es una mala consejera. Amar a nuestros hijos no implica que debe ser feliz a costa de lo que sea, ser completamente permisivos no les dará la felicidad realmente.
Sin darnos cuenta generamos con esta permisibilidad una condición difícil de ser aceptada socialmente, pero ésta no radica en la discapacidad, sino en el comportamiento que hemos aceptado de nuestros hijos por mantener culpas y resentimientos hacia nosotros mismos por hechos que muchas veces se escapaban de nuestras manos.
Los niños con discapacidad deben tener una rutina y límites al igual que cualquier niño o adolescente, se les debe dar el lugar que les corresponde dentro de la familia.
Nosotros como padres debemos permitirles que se desarrollen al máximo de sus capacidades sin sobreprotegerlos, debemos impulsarlos a que logren la mayor independencia dentro de su dependencia, eso les dará confianza y mejorará su autoestima pues no son tratados diferentes.
Es muy complicado pero no imposible, la responsabilidad para que el joven (sea discapacitado o no) logré su mayor autonomía, depende en gran medida de la actitud de los padres.