La tolerancia no es opcional
La comunicación es un elemento imprescindible en la vida en sociedad, todos los días interactuamos con otras personas por miles de motivos, con algunos es más fácil el proceso que con otros.
Para mí es difícil entablar conversación con extraños pero ya en confianza soy un lorito imparable, en la interacción que he tenido con muchas personas, de edades, profesiones e ideologías distintas, he podido observar detalles muy particulares. El primer rasgo es la falta de escucha activa, al hablar con alguien con pensamientos o intereses opuestos muchas veces lo bloqueamos de forma casi inmediata, no quiere decir que lo dejamos hablando sólo, en niveles profesionales la apatía a ciertos temas se esconde, pero en entornos más personales simplemente se le deja saber al interlocutor que eso que dice no nos interesa o que no estamos de acuerdo generalmente de forma abrupta y poco considerada.
Otro de los elementos que podemos encontrar de forma reiterada en nuestras interacciones es el encuentro violento a lo desconocido, a lo distinto. Existe el pensamiento de que las diferencias son algo que tienen que aprobar los demás, que la sociedad dice si tal o cual cosa está bien o mal, pensamos que ciertos preceptos como la creencia en un Dios, las preferencias sexuales, entre otros, deben ceñirse al patrón y quien ose en quebrantarlo se merece algún tipo de sanción. Aunque la descripción que he dado no parece del siglo XXI es muy actual, en estos tiempos llenos de avances, aún no sabemos lidiar con las diferencias, la tolerancia a veces la reducimos a palabras. Tolerar es más que mantener silencio, la tolerancia radica en reconocimiento y respeto al derecho que tienen los demás a llevar su vida de la forma que ellos elijan.
Debemos aprender que las diferencias nos enriquecen, todos tenemos derechos a crear nuestro camino sin irrupciones violentas.
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