25 noviembre 2017

En el día de la no violencia contra la mujer
Beatriz, con la mirada fija en la ventana que da a la calle, espera angustiada a su esposo. En las madrugadas llega tan ebrio que no logra introducir la llave en la cerradura. Y grita pateando la puerta hasta que ella le abra.
Recuerda todas las golpizas recibidas en quince años; las flores que le lleva al día siguiente. Lo odia.
Beatriz aprieta el celular como si este fuera a escaparse de sus manos. Son las cuatro de la madrugada cuando escucha, una vez más, los gritos de Arturo. Al fin se atreve a marcar el 911. Les dio su dirección y pidió auxilio; su esposo intentaba tumbar la puerta para agredirla.
Arturo patea y patea la puerta con fuerza inusitada. La derriba. Golpea a Beatriz en el mentón, y la derriba también. Ella se coloca en posición fetal. Entonces oye la voz potente del policía:
-¡Quieto o disparo!
-No me mandes más flores -le dijo Beatriz a Arturo, mientras lo esposan.
Sonríe. Ha derrotado al miedo.