Cuando es la mujer maltratada quien rompe la orden de alejamiento

Un hombre fue detenido la semana pasada después de abrir la puerta a su expareja, que fue hasta su casa. Es sobre quien pesa la medida quien tiene la obligación de cumplirla

04 septiembre 2019 |

Ella llamó a la puerta de madrugada, el pasado miércoles, cuando todavía no había amanecido en Avilés. Dentro de aquella casa estaba su expareja, un hombre con una orden de alejamiento en vigor, y la mujer con la que actualmente tiene una relación. Le abrió la puerta y ella entró. Cuentan fuentes policiales que se produjo una discusión, también entre ambas mujeres, que tras una presunta agresión entre ellas la novia de ahora terminó en la calle y fue quien llamó a la Policía Local, que detuvo al avilesino, de 45 años. ¿Es raro que acabe detenido él cuando fue ella quien acudió a su vivienda? Según esas mismas fuentes, no tanto.

“El error”, explican desde la comisaría de Policía Nacional de Oviedo, que se ocupó de las diligencias, fue abrir esa puerta. La Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género especifica que "el juez podrá prohibir al inculpado que se aproxime a la persona protegida, lo que le impide acercarse a la misma en cualquier lugar donde se encuentre, así como acercarse a su domicilio, a su lugar de trabajo o a cualquier otro que sea frecuentado por ella" y que "fijará una distancia mínima entre el inculpado y la persona protegida que no se podrá rebasar, bajo apercibimiento de incurrir en responsabilidad penal". Incluso si, como en este caso, es la víctima la que acude al domicilio de quien tiene dicha orden.

Desde la policía asturiana recuerdan también que “la jurisprudencia del Tribunal Supremo al respecto es clara en este aspecto: cuando un juez interpone una orden de alejamiento es la persona sobre la que pesa quien tiene la obligación de mantenerse alejado, si no se cumple es un quebrantamiento y por lo tanto, como en este caso, procede la detención”. Decenas de sentencias fijan que no hay lugar a la confusión. "No puede ser admitido tal error ante una prohibición tan elementalmente comprensible como lo es la de contravenir una orden expresa del Juez relativa a su obligación de no aproxi­marse a la mujer maltratada", falla una de 2004 (la 519); y en otra de 2009, el Supremo dictó que "el consentimiento de la mujer no excluye la punibilidad". El magistrado Julio Martínez, del Juzgado Número 5 y de Violencia de Género de Avilés, coincide y añade que en estos casos “siempre se avisa y pide que se evite el contacto, porque por algo se toman medidas y así está recogido en la Ley”.

En este se dieron una serie de factores que se tuvieron en cuenta para dicha detención, “y el hombre salió a las pocas horas en libertad con cargos”, cuentan desde Oviedo. No dan detalles de cuáles fueron aquellos factores “porque está todo judicializado”, pero sí apuntan a que esto es más habitual de lo que pudiera parecer, “mujeres que acuden a las viviendas o los puestos de trabajo de sus ex" después de haber denunciado por violencia machista o con órdenes en vigor. El pasado año se incoaron en España 39.176 órdenes, 847 de ellas en Asturias (615 fueron adoptadas, 230 denegadas y 3 fueron inadmitidas); y en lo que va de 2019 son 9.530, 215 en el Principado (149 adoptadas y 66 denegadas).

Para Marisol Rojas, psicóloga experta en violencia de género, “saltárselas es bastante más habitual de lo que debería”. Que lo hagan ellos es más frecuente: “El maltratador intenta ponerse en contacto con la mujer a través de otras personas y no de forma directa, como los hijos si tienen o amigos comunes. Él entra en el victimismo, pone en marcha mecanismos para que ella sienta culpa o pena y acaba cayendo en la manipulación, algo en lo que es experto quien ejerce la violencia machista”. Rojas pone como ejemplo apelar a “temas pendientes, asuntos sobre los hijos, conversaciones que solo durarán cinco minutos…”. Eso, asegura, puede convertirse en una “trampa mortal”, y recuerda algunas de las mujeres asesinadas por sus parejas y exparejas en momentos en los que se estaba quebrantando una de esas órdenes. De las 40 mujeres asesinadas en lo que va de año, ocho tenían denuncias previas y en tres casos hubo un quebrantamiento de una orden de alejamiento.

¿Por qué se arriesgan entonces las víctimas acercándose ellas? La psicóloga arguye que esto responde al comportamiento habitual dentro del círculo de la violencia machista, ya sea como respuesta a una demanda del maltratador o por voluntad propia. “Muchas veces hay una falta de conciencia. Si hay una orden es porque se ha valorado que hay un peligro real, pero el vínculo emocional, y la dependencia, que las víctimas tienen con sus agresores, reduce esa sensación de peligro, pueden acabar rompiendo ellas mismas ese alejamiento sin percibir realmente que puede ir la vida en ello”. Además, añade, cuando un maltratador apela a esa pena o esa culpa da a la mujer una falsa sensación de control: “Y en una relación de maltrato la víctima nunca tiene el control, por eso hay que evitar la cercanía por todos los medios, para que no haya la más mínima oportunidad de que vuelva a existir un episodio de violencia o se llegue al extremo del asesinato”.

Solo si ocurre, el dato se registra y además se comparte de forma pública: no se dan cifras sobre quebrantamientos de órdenes de alejamiento por condenas de violencia machista. Sobre ello preguntó en abril del pasado año en el Congreso Ángeles Álvarez, la entonces portavoz socialista de igualdad. La respuesta del Gobierno fue que era imposible dar ese dato porque el Registro Central para la protección de las Víctimas de la Violencia Doméstica y de Género no tiene información desagregada sobre esto. Contestaron que estas órdenes no solo se imponen en casos de violencia machista, sino también en casos de violencia doméstica y que "las causas grabadas por este delito no indican si lo son por el quebrantamiento de una medida cautelar, pena, o porque el condenado se ha fugado de un centro penitenciario. Mucho menos se puede distinguir si el quebrantamiento lo es por una medida civil o penal".

Esta es una cifra más que se suma a la petición constante de datos lo más completos y actualizados posible de todo lo que envuelve a la violencia machista por parte de expertas en distintas áreas, el ámbito educativo y de investigación y los medios de comunicación.

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