La soledad de las mujeres de Afganistán

Hay que trabajar para que los Objetivos del Milenio no sean una fantasía, sino una realidad para las mujeres y las niñas y promover la participación de las mujeres en igualdad de condiciones en todos los ámbitos de la vida

Griselda López

24 abril 2022 |

¿Siglo XI? ¿Avance o retroceso mundial? Indiferencia ante situaciones que podrían ser nuestras, si no hubiésemos contado con la capacidad y lucha de muchas mujeres y hombres en el mundo para lograr, medianamente, un lugar en este conflictivo y difícil universo terrestre. Los logros que las mujeres panameñas han alcanzado han sido difíciles, conquistados, no cedidos y todavía nos faltan muchos por alcanzar, ya que la violencia machista parece haberse perpetuado tanto en la ciudad como en cualquier rincón del país. Así lo muestran los titulares y las noticias cotidianas de mujeres violadas o asesinadas que ocupan diariamente las noticias de los periódicos.

Pero nos asombra más la indiferencia con que observan, admiten y dejan hacer los organismos internacionales como Naciones Unidas y países que dicen haber logrado las mejores condiciones para sus mujeres. Y es que observamos con asombro y dolor como mujeres y niñas se manifestaron el sábado en Kabul, Afganistán, contra la decisión de los talibanes de prohibir la educación secundaria para las niñas, tal como señalaron periodistas de la agencia de noticias AFP. En el poder durante siete meses, los líderes del país han aumentado las restricciones a los derechos de las mujeres. Los talibanes, que mandan en Afganistán desde agosto de 2021, revirtieron el miércoles su decisión de permitir que las niñas estudien en escuelas intermedias y secundarias, apenas unas horas después de la reapertura anunciada desde hace mucho tiempo. Después de 30 años de ocupación, Estados Unidos dejó intacta la situación de las mujeres y se retiró del territorio que habían conquistado y ocupado, sin ninguna transformación, tal como se suponía debía ser. Imperar, por sobre todas las cosas, parece ser el modus operandi de las grandes naciones.


En la Organización de Naciones Unidas y en todos los organismos internacionales hay instituciones para promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en el planeta Tierra. Se supone que apoyan a los Estados Miembros de las Naciones Unidas en el establecimiento de normas internacionales para lograr la igualdad de género y trabajan con los gobiernos y la sociedad civil en la creación de leyes, políticas, programas y servicios necesarios para garantizar que se implementen los estándares con eficacia y que redunden en verdadero beneficio de las mujeres y las niñas en todo el mundo. Pero el problema de las mujeres afganas permanece de manera permanente en otros países, en donde las tendencias machistas son las que dominan. Se ha avanzado en muchas conquistas, pero en América Latina no existe la misma igualdad y derechos para las mujeres que en otros países. En Panamá no hemos logrado todos los cambios. El camino ha sido difícil. Las metas están por alcanzarse.


La cultura sigue con pasos retrógrados. Vemos manifestaciones en las calles de mujeres que buscan alcanzar sus derechos en la participación de las múltiples facetas para el crecimiento de una Nación en donde el principio de igualdad sea permitido en todas las organizaciones, tanto cívicas como gubernamentales. Hay mucho que hacer y mucho que conseguir. Hay que trabajar para que los Objetivos del Milenio no sean una fantasía, sino una realidad para las mujeres y las niñas y promover la participación de las mujeres en igualdad de condiciones en todos los ámbitos de la vida. Pero en forma integral, no excluyente. Aquí deben participar activamente las escuelas y el Ministerio de Educación. No hemos visto manifestaciones sobre estos hechos que agrava aún más la situación de la mujer afgana, obligada a ser la sirvienta del hombre. Se les ha prohibido salir del país y tomar un avión si no van en compañía de un hombre. Estas son quizás, las menos severas de las prohibiciones y abusos que dentro de sus pueblos y residencias se cometen.


Las organizaciones de mujeres deben manifestarse sobre estos acontecimientos que vulneran los derechos humanos. Tanto las nuestras como las internacionales, para que estas medidas que limitan la existencia de seres humanos sean eliminadas. Las afganas no están solas. Ninguna mujer en este continente u otro debe desconocer y tener poco interés por las medias absurdas a que son obligadas, por la fuerza, a aceptar. Admiro a las mujeres afganas, porque se han atrevido a salir a la calle a protestar por medidas que significan atraso, por lo que, a lo mejor, serán castigadas. Seamos solidarias y solidarios con quienes hoy están aisladas y olvidadas. Todas las mujeres tienen derecho a ser libres sin limitaciones impuestas y obligadas.

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