Toni Morrison, la mujer que quería bailar como Fred Astaire

Llegó más tarde de lo habitual a la literatura, pero fue la primera mujer en ganar el gran premio de las letras. Sus novelas revolucionaron el paisaje narrativo de Estados Unidos. Falleció ayer a los 88 años de edad.

08 agosto 2019 |

Indudablemente el nombre más popular de los autores afroamericanos es el de Toni Morrison. Su lista de reconocimientos es interminable desde el National Book Critics Circle Award en 1977 por «La canción de Salomón» –una de las novelas más hermosas que nunca he leído– hasta el que le otorgó la Universidad de Harvard, el Charles Eliot Norton de poesía. Pero entre las casi cuatro decenas de reconocimientos destacan el Nobel de Literatura en 1993 y la Medalla Presidencial de la Libertad (2012) que le otorgó el Presidente Barack Obama. Había nacido en Lorain (Ohio) en 1931 y su verdadero nombre era Chloe Ardelia Wofford.

Pocos conocen que su primera relación con la literatura fue como editora de la prestigiosa Random House, donde tuvo acceso de primera mano a la obra de autores que comenzaban a publicar entonces en Estados Unidos, como el también Nobel Wole Soyinka y Chinua Achebe; y que su ruptura matrimonial fue en buena forma responsable de su determinación a convertirse en escritora. Su primera novela, «Los ojos azules» (1970), ya mostraba una capacidad narrativa fuera de lo habitual que se consumaría con «La canción de Salomón» (1977). Entre medias había publicado «Sula» (1973), «la mejor novela que he escrito», aunque considero su confesión una exonerable impostura fruto del cariño que se tiene por el más débil. Después vendrían míticos títulos como «Beloved» (1987) y «Jazz» (1992), consideradas por sus lectores españoles como los títulos más relevantes (he participado como tribunal al menos en media docena de tesis doctorales sobre estas obras).

El hecho de que Oprah Winfrey encarnara al personaje de Seth en la adaptación cinematográfica convirtió a la novela en un acontecimiento social. Más allá de esto, la calidad literaria de «Beloved», inspirada en la vida de Margaret Gardner, una esclava que intentó escapar a un estado libre a mediados del siglo XIX y que prefirió matar a su hija antes que verla convertida en esclava, resulta innegable, e incluso es posible hablar de un antes y un después en el corpus literario de Morrison. Sin embargo, creo que es con «A Mercy» (2008) y «Home» (2012) cuando alcanza las cotas más altas de calidad artística. Para Morrison las consecuencias que se derivaban de la esclavitud trascendían los límites históricos e interesaban la realidad sociológica.

El racismo, la histórica represión de los negros, es execrable, pero a Morrison le interesan los más débiles entre los débiles: las mujeres y los niños. Sin embargo, rehuía cualquier identificación de sus novelas con el movimiento feminista... de igual forma que siempre intentó superar la etiqueta de autora afro-americana. Conocí a Morrison en 1991 y aunque después solo coincidimos en una decena de ocasiones, en las que compartimos alguna que otra confidencia personal y artística, mantuvimos una cariñosa relación a lo largo de los años. Hablamos por última vez en 2015 cuando publicó «God Help the Child», y aunque la conversación apenas llegó a los 5 minutos continuaba con el mismo sentido del humor y volvió a hacer votos porque ambos aprendiéramos a bailar para evitar otro ridículo como el que hicimos en Logroño intentando emular a Fred Astaire.

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