Cristina Rodríguez: «Una mujer tiene que demostrar que es buena; en un hombre se da por sentado»

La estilista publica junto a Sara Brun un libro sobre qué significa para ellas ser mujer, la maternidad, el trabajo y el feminismo

03 diciembre 2018 |

«Femenino»: perteneciente o relativo a la mujer.

«Feminista»: del feminismo: principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre.

¿Pueden desligarse lo «femenino» y lo «feminista»? ¿Puede un feminista reivindicar la igualdad subida a unos tacones? ¿Por qué ocurre a menudo que el feminismo deja fuera de su causa a las mujeres más preocupadas por su aspecto físico? ¿Tratan ellas de alejarse del feminismo? ¿Quién reparte estos «carnets de socio»?

«Por un mundo femenino y feminista» es el subtítulo de un libro escrito «De mujer a mujer» (Grijalbo, 2018), del diálogo que surge entre dos amigas que son muy diferentes pero tienen más de lo que se piensan en común. Es un alegato contra el amor. O contra la necesidad de ese amor a la que parecen condenadas de por vida. La conversación de dos mujeres exitosas, triunfadoras, adictas al trabajo y «dependientes emocionales». Sara Brun (guionista, productora, escritora...) y Cristina Rodríguez (figurista y estilista en televisión con 'Supermodelo' o 'Cámbiame' y «eterna nominada al Goya» en sus propias palabras) cuentan la historia de sus vidas, y por ello quizá, la mayoría del libro resume sus anécdotas (incluso locuras) amorosas, en búsqueda de la pareja que no llega. Pero también cuentan lo que han luchado por trabajar en un mundo de hombres: la discriminación e incluso el acoso de sus compañeros de profesión.

Al final, con sus reflexiones sobre la maternidad, la pareja, el trabajo, el feminismo y «lo femenino» acaban descubriéndose a ellas mismas.

¿Qué entendéis por «femenino y feminista»?

Sara Brun: El feminismo tendría que ser un concepto universal y un patrimonio de la humanidad: todos los hombres y mujeres tendríamos que luchar porque las mujeres estuviéramos al mismo nivel que ellos. Es un sentimiento. Claro que todas las mujeres y hombres tenemos que acabar siendo feministas, pero esto no quiere decir que sea una lucha contra el otro género. Feminino y feminista tiene que acabar convirtiéndose en lo mismo, y cada una lo lleva a su manera.

Cristina Rodríguez: Es como, ¿qué es ser un caballero? Pues ser feminista es lo que es, se reduce a la igualdad, es muy sencillo y cada uno lo vive como lo vive.

S. B: Cada uno tiene sus experiencias, ella puede ir con tacones y yo puedo ser de una manera tal pero con nuestra actitud ante la vida o cómo hemos reaccionado somos más feministas que las que se hacen llamar feministas. Y luego, por otra parte, es que no creo que nadie tenga la autoridad moral ni educacional para decir si soy o no feminista.

¿Habéis descubierto con este libro que sois feministas?

C.R: Yo soy una feminista radical antes de saberlo. Y por eso soy femenina y feminista. Nos preguntan todo el rato, ¿se puede ser feminista y llevar tacones? A mí me parece curiosa esa pregunta porque la hacéis porque está ahí, pero es que tenemos que juntarnos las mujeres, porque al final queremos lo mismo y podemos llegar por distintos caminos: no se limita a llevar zapatillas y camisa de cuadros, hay muchos más (hablando de estética).

S.B: El 8 de marzo me di cuenta de que habíamos pasado página, de que empezábamos algo,a ser conscientes de que el mundo que hay sí que es patriarcal: que la historia está escrita desde el género masculino. Y esto hay que cambiarlo y hay que mejorarlo. Te pones las gafas moradas y empiezas a ver que esto tiene que cambiar, pero no puede ser radical. Hay que cambiarlo sin imponer: abramos los brazos y veamos qué procesos necesitan las personas para entenderlo.

Hay temas que dividen la sociedad especialmente: la prostitución y su legalización y la gestación subrogada

C.R: Estoy oen contra de todo. De la prostitución, evidentemente si tú mañana te quieres prostituir libremente, pues bueno, pero detrás de la prostituación, el 80 por ciento son chicas que vienen obligadas y les han hecho absolutamente de todo.

S.B: Y de la subrogada también estoy en contra. A mí no hay manera de que me convenzan de que esa mujer no lo está haciendo por dinero. Porque no estás donando una muela, sino un hijo que has llevado 9 meses en el vientre. Es imposible que te quieras deshacer de ese bebé. Y creo que todas las mujeres acaban lamentando la pérdida a lo largo de su vida. Si no puedes, no puedes. Hay muchas mujeres que no somos madres y hemos querido. Pero lo aceptas.

Tenéis diferentes opiniones de la maternidad

C.R: Soy una mujer absolutamente completa, es que no tengo sensación de frustración, nunca he tenido ansias ni deseo de ser madre. Entonces yo me considero mujer, croe que estoy absolutamente completa y no tengo ninguna frustración. Ese es mi caso, pero también quiero que los demás no me juzguen porque no quiera tener hijos. No quiero tener hijos. Punto. Es que no hay más debate: si no quiero tener hijos es mi problema. Si tú quieres tener uno o dos o cinco, pues los tienes, tampoco te voy a juzgar yo.

S.B: Yo también soy una mujer completa, pero sí que he tenido en la mente tener hijos y no ha salido bien. Siempre tienes esa esperanza o esa expectativa de que los vas a tener. Es tu vida, tú la llevas, y vives en una especie de ansiedad por ese momento que tiene que llegar y no llega. Cuando ya se ha pasado el tiempo y no puedes tenerlos, hay un sentimiento de pérdida, de que ya no va a poder ser. Y pasas al dolor, para después asumirlo. Empezar a vivir con esa tristeza, que va a estar ahí siempre aunque cada vez duela menos.

¿Por qué define poder parir como una bendición y una maldición al mismo tiempo?

S.B: Poder parir no es que te ponga en la obligación de tener que tener hijos. Los puedes tener y es una bendición, pero también puede ser una maldición porque ese instinto maternal está ahí. Y si fuera tan solo educacional sería más fácil despejarlo sin que te duela, pero no lo es.

¿Qué cosas habéis hecho por amor?

C.R: Si hubiera habido hombres en el espacio, también hubiéramos probado a ir allí. Desde que tengo 14 o 15 años tengo una dependencia emocional. Por más hemos intentado no tenerla, no sabemos vivir sin ella.

S. B: Un alto porcentaje de mujeres, por muy feminstas que seamos, queremos tener pareja y somos más felices en pareja. Esto tiene que ver con la dependencia emocional que tenemos muchas. Llega un momento en el que esta pareja no aparece, y hablando con Cristina, te planteas «¿Qué quieres? ¿Que llegue una pareja o tomarte una pastilla que te quite esta dependencia emocional y ver a una persona como normal?». Muchas nos tomaríamos una pastilla para relajarnos en este tema.

C.R: Es que yo también soy mucho más feliz en pareja, y he vivido sola durante toda mi vida. Al final, para tener una pareja necesitas dedicación de lla y ella hacia ti. Y no dejamos de ser feministas por tener dependencia emocional. Ojalá no la tuviérmaos, pero ¿qué vamos a hacerle? Hasta este último, todas mis parejas tenían el mismo perfil: porque en el fondo, yo que me he puesto el mundo por montera, estaba buscando a alguien que me protegiera. ¡Pero si yo no necesito a nadie que me pague las facturas!

S.B: Ella buscaba a un hombre que la protegiera y yo a alguien a quien proteger. Alguien que estuviera hecho polvo para yo hacer el papel de madre. Es muy curioso porque hasta que no lo asumes no puedes cambiarlo.

¿Cómo de importante es el empleo para una mujer?

C.R: Nosotras somos adictas al trabajo variado y no repetitivo. Ninguna de las dos hemos aguantado mucho tiempo en el mismo sitio, porque en cuanto el trabajo se vuelve rutinario ya queremos otra cosa.

S.B: Creo que somos mujeres del Renacimiento: no hay nada que no podamos hacer, y menos en nuestra profesión. Esto que parece un plus, va muchas veces en tu contra porque tienes que demostrarlo. Si entras en ese sistema de ser fija no haces nada más.

¿Sentís que habéis tenido menos libertad por ser mujeres?

C.R: Cuando yo empecé a hacer vestuario lo hice como jefa y tenía 24 años. Era mona, tenía buen cuerpo e iba en pelotas. Y no me consideraban: siempre consideraban que era la prima o la novia de alguien. Yo no he tenido problemas con las mujeres. A mí, quien me ha dicho «así vestida no hagas esta prueba de vestuario porque a la actriz le va a sentar mal», me lo ha dicho un hombre, no me lo ha dicho una mujer.

S.B: En la historia de la humanidad, un hombre que sea creativo es un hombre que está en alza. Hay muchos guionistas que tienen a la vez otros trabajos. La creatividad es un plus para ellos, pero en una mujer es como «esta, que al final no sabe hacer nada». Hasta ahí se miden las cosas con distintas varas.

C.R: Siempre digo que una mujer tiene que demostrar que es buena, y un hombre tiene que demostrar que es malo. Llegas tú con un chico a un puesto de trabajo y a él se le da por sentado, pero a ti «vamos a ver cómo lo haces». Y nosotras hemos tenido suerte porque estamos en una profesión más o menos liberal.

¿Quién escribe los papeles de mujeres en el sector audiovisual español?

S.B: Empieza a haber papeles de mujeres interesantes en el cine y las series, pero que esos papeles interesantes están escritos por hombre que no tiene ni idea. Si ni nosotras tenemos ni idea de cómo somos.

C.R: Yo todos los guionistas top ten que conozco son hombres. Las mujeres se encargan de la producción , pero el jefe de producción es un hombre.

S.B: ¿Es que no somos capaces de escribir? Pues claro que lo somos ¿O es que no tenemos ambición? Yo sí la tengo. Nosotras ahora estamos intentando sacar una serie adelante. Y yo ahora lo que quiero es mandar. Es un poco genérico, pero es que queremos mandar en nuestra propia serie escrita por mujeres. Porque, ¿cómo va a contar nu hombre en un guion lo que se siente al no poder ser madre? ¿Cómo va a contar historias de la menopausia?

C. R: A mí me gusta mucho tener jefas. Yo me entiendo muy bien con las mujeres. Y creo que funciona mejor el rodaje cuando hay una jefa, pero mucho mejor.

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