Soledad tiene nombre de mujer

Marla Jacarilla reinterpreta al genial pianista Glenn Gould para hablar del aislamiento en tres generaciones de mujeres

28 noviembre 2018 |

A Glenn Gould (1932-1982) se le conoce por su manera excéntrica de tocar el piano, ataviado con abrigo, bufanda y mitones, fuera invierno o verano, y la silla con las patas recortadas que empequeñecían su figura, dejando su cabeza a la altura del teclado. Por eso y por su genialidad a la hora de evocar el universo de Bach, extrayendo oro de sus Variaciones Goldberg. Dejó de tocar en público allá por 1964, en plena cúspide de su carrera, cansado de las interpretaciones en directo, para recluirse en una casa cerca de un lago en su Toronto natal. Solo abandonaba su aislamiento para grabaciones en estudio y sus programas de radio.

La artista alicantina Marla Jacarilla toma como referencia tres de esos programas, grabados entre 1966 y 1977 y denominados La Trilogía de la soledad, para reinterpretar la obra del pianista canadiense en sus Apuntes para una fuga, que acoge el Centre del Carme como resultado de la convocatoria Escletxes, abriendo así su segunda edición. La soledad apuntada por Gould queda recogida en tres pantallas de video sincronizadas entre sí, para reflejar en esta ocasión el aislamiento sentido por tres generaciones de mujeres, interpretadas por las actrices Inés García Pertierra, Olga Albuin y Merçé Vallejo con carácter realista.«Podría haberse hecho con hombres también, pero quería dar voz a las mujeres», reconoció Jacarilla. Mujeres que a pesar de sus diferencias de edad y ubicadas en un mismo entorno doméstico, «en el fondo se parecen», explicó la artista a la hora de precisar el tipo de soledad que experimentaba cada una.

«Quería reflexionar sobre la soledad en el espacio contemporáneo», añadió. Un espacio determinado a su juicio por las nuevas tecnologías y las redes sociales: «Puedes tener 50.000 amigos en Facebook y estar solo».Su propia elecciónLa soledad de Gould, que Jacarilla toma como referencia, fue sin embargo deseada por el pianista, al que el escritor Thomas Bernhard calificó en su novela El malogrado de «fanático nato del parapeto», por haber elegido libremente el aislamiento, fruto de su imperiosa necesidad por alcanzar a solas un grado de pureza musical imposible de encontrar cuando interpretaba en público. «Se han subrayado mucho sus excentricidades, pero era un tipo muy divertido», apunta la artista alicantina, que reconoció sentirse muy interesada por su comportamiento: «Odiaba el momento de tocar».«La llamada disciplina es una manera de excluirse de la sociedad», explicó Gould, que no se consideraba un excéntrico, sino alguien intenso. Disciplina e intensidad que Jacarilla reproduce en sus videos, grabando a las tres mujeres por separado en acciones domésticas cotidianas, y en primeros planos a modo de entrevista o confesión, acerca de las razones por las que sienten su soledad. «Recitan textos sobre la fuga, en sentido literal pero también musical». De ahí Apuntes para una fuga, mezcla de realidad cotidiana de la que huyen y de creación sonora. Sonoridad que termina superponiendo las voces de las tres mujeres, a modo de corolario de la confusión.Los papeles de quienes ejercen de abuela, madre e hija, en ese ámbito doméstico, parecen fundirse a raíz de ese sentimiento común de la soledad. Las referencias literarias a Aldous Huxley (Contrapunto), André Guide (Los monederos falsos) o William Faulkner (El ruido y la furia), junto a las cinematográficas de Anthony Mann (Winchester 73), Max Ophuls (La ronda) o Mike Figgis (Timecode), sirven a Jacarilla para ahondar en ese carácter de fuga que atraviesa el conjunto del proyecto audiovisual.Una emoción similar«Cuando algunas migajas de música me penetran en el espíritu tengo un curioso modo de perder el contacto conmigo mismo, de abstraerme de la conversación y de todo cuanto acaece en torno de mí», confesó en cierta ocasión Glenn Gould, que buscaba en la música cierta experiencia estética trascendente.

Las mujeres que Jacarilla representa en sus Apuntes para una fuga diríase transidas de una emoción similar: sienten el malestar de la cultura que las oprime, al tiempo que lo confiesan hasta alcanzar esa repetición de argumentos que se superponen en una sonoridad confusa. De nuevo la disciplina como forma de excluirse de la sociedad, de la que hablaba el propio Gould, y que Huxley, precisamente en Contrapunto, evoca así: «Puede que los hábitos no sean sino la expresión de una indiferencia y una frialdad innatas, que sería casi imposible vencer».

Una forma de fuga basada en la repetición que Marla Jacarilla explora para «mostrar la soledad a la que nos enfrentamos en la era de la comunicación y cómo ese sentimiento es común a todas las generaciones».

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