Reflexiones sobre actitudes feministas que interpelan en contextos difíciles

El año 2015 ha sido complejo para las luchas por la igualdad y la no discriminación de las mujeres y por el derecho a una vida libre de violencia. Acompañar el caso Mainumby nos reveló un grave patrón de abuso sexual y embarazo forzado de niñas, que estaba siendo naturalizado. Nos interpeló el trabajo de monitoreo realizado desde hace muchos años ¿Por qué estaba invisible este grave problema?

31 diciembre 2015 |

La lucha por el caso Mainumby nos enfrentó a un Estado conservador, que justifica la violación de los derechos de las niñas víctimas de abuso sexual, obligándolas a continuar con el embarazo, en vez de garantizarles la debida protección. Para prevenir estas situaciones, es necesario una educación sexual integral, iniciada en el sistema educativo formal; como así mismo la investigación de los hechos y la sanción del o los responsables; y en el caso de que se produjera un embarazo, como resultado de un abuso sexual, que exista la posibilidad de la interrupción del mismo, tal como contempla el artículo 109, inciso 4º del Código Penal, cuando la vida de la madre está en riesgo. Los datos de la OMS dicen que todos los casos de embarazo infantil están expuestos a alto riesgo de muerte, en comparación con una mujer adulta.


El caso Mainumby también nos enfrentó a grupos fundamentalistas religiosos, principalmente de la iglesia católica, que de manera sistemática hostigaron a la madre, a la niña Mainumby, a la abogada y a nosotras, integrantes del CLADEM, como organización copeticionante de la medida cautelar ante la CIDH. Esta medida cautelar no se hubiera logrado sin que dos organizaciones, en particular, asumieran el reto de peticionar ante la CIDH, con el compromiso militante de mujeres feministas, que trascendieron los límites del país.


La solidaridad y el compromiso, multiplicados con las acciones articuladas entre las organizaciones de derechos humanos, de derechos de la infancia y feministas, hizo posible sostener una estrategia de denuncia pública, movilización y acompañamiento de la demanda para que el Estado asegurara la protección a Mainumby, cesara la persecución a su madre y cumpliera con sus obligaciones de protección.
Sin embargo, este proceso nos deja una dolorosa sensación de injusticia. Con aquella frase de que “lo que no se nombra no existe”, no terminamos aún de entender ¿por qué feministas con quienes compartimos estas luchas, en el marco del Informe de derechos humanos 2015 de la CODEHUPY, se aseguraron en invisibilizar el trabajo y la lucha emprendida por el CLADEM PY? Actitudes mezquinas de esta naturaleza, resultan contrarias a la ética feminista; evita recuperar, reconocer y valorar la historia, así como los aportes de sujetos protagónicos de un determinado proceso.

Finalmente, en contextos tan difíciles como los que vivimos las feministas, para enfrentar en lo cotidiano la lógica conservadora y reaccionaria patriarcal imperante, estamos llamadas a ser aliadas, poner en prácticas políticas de mayor coherencia, evitar actitudes arbitrarias, poco trasparentes y asumir de manera coherente una ética feminista. Quienes compartimos luchas y utopías de una sociedad diferente, tenemos que respetarnos, aprender, reconocernos y caminar juntas.
Cladem Paraguay
20 de Diciembre de 2015

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