PARTO HUMANIZADO: ¿COSA DE HUMANOS?

Actualmente, el destino de la mujer y su hijo está sujeto a procedimientos de intervención rutinarios que no consideran las diferencias y especificidades individuales.

CAROLINA PROAÑO WEXMAN

26 diciembre 2019 |

A algo tan básico como dar a luz se le ha tenido que agregar el atributo de “humano” porque, al parecer, traer a este mundo a un bebé como una quiere —sin intervenciones ni presiones externas, químicas, familiares, artificiales, psicológicas o emocionales— se ha convertido en un acto de alienígenas revolucionarias.

Estas subversivas  del parto exigen —¡imagínese usted!— libertad para tener a sus hijos de la manera que se les dé la gana: “que me dejen caminar”, “de pie en el jardín de mi casa”, “abrazada por mi marido”, o “con epidural, pero poquito”, o por cesárea “amigable”, o “con una flor en el pelo para que mi hijo me vea linda”, o “después de comerme un plato grande de pulpo de Jimmy’s”. Quieren, por sobre todo, que se valoren y consideren sus deseos y necesidades, las de ellas y las de sus parejas, durante el nacimiento de sus hijos. Y que todos sean tratados como los protagonistas de esa historia, una que jamás podrán olvidar.

Actualmente, el destino de la mujer y el de su hijo está sujeto a procedimientos de intervención rutinarios que no consideran las diferencias y especificidades individuales y que han transformado en violentas las actitudes asistenciales.
Este tipo de violencia, conocida hoy como violencia obstétrica, incluye desde frases diminutivas como “gordita, niñita o mamita”, pasando por “si no cooperas tu hijo se va a morir”, hasta prácticas injustificadas como la inmovilización durante el trabajo de parto, la aplicación de medicamentos sin autorización para acelerar el proceso biológico, rotura artificial de bolsa, cesáreas innecesarias, enemas, ayuno, episiotomías “de manual” y la separación inmediata del recién nacido de su madre. Todo esto constituye también una vulneración de sus derechos, y es lo que la filosofía detrás del parto humanizado intenta erradicar.

Uno de los puntos principales que plantea esta filosofía es que las mamás gasten la misma cantidad de tiempo que invierten en Pinterest buscando ideas para el baby shower  en informarse detalladamente sobre los procedimientos y metodologías por los que tendrá que pasar para dar a luz.

La ginecóloga Karla Camacho, asegura que las pacientes tienen todo el derecho de preguntarles a sus proveedores de salud, que les expliquen absolutamente todo y  que se respeten sus planes para el parto.
Camacho considera que se debe tener una relación de comunicación abierta y bidireccional con su proveedor de salud, tal como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Esta relación es más difícil para las mujeres que usan el sistema de salud público o Seguro Social, porque no siempre las ve la misma persona en los controles prenatales”. Pero confirma que “toda mujer puede y debe preguntar sobre los diversos procedimientos que se realizan y la validación científica que estos tienen”.

Y hay que hacerlo desde el día uno, para tener tiempo de tomar decisiones o cambiar de proveedor de salud si una no se siente cómoda o no hay buena comunicación.  “Es obligación de todo médico, si el paciente lo solicita, entregarle su expediente completo con la información de las evaluaciones médicas y exámenes complementarios, ultrasonidos, etc. Por lo tanto, la creencia de que no se pueden cambiar porque eso las pone en peligro, es falsa”, insiste.
Una vez elegido un proveedor de salud que respete sus deseos, es también recomendable escribir detalladamente su plan de parto y asegurarse de que su médico lo firme y se lo haga conocer al personal del hospital.

MI CUERPO, MI DECISIÓN
Muchas mamás eligen la cesárea, otras parto vaginal en el hospital —algunas con anestesia— y, en los últimos años, ha ido creciendo el interés por volver a los partos en casa. Sea cual sea la opción favorita, las mujeres deberían poder elegir la que las haga sentir más seguras y felices, sin ser juzgadas.

La cesárea es preferida por muchas mujeres que felizmente la programan “a la carta” por miedo a las contracciones y al rajamiento de la zona perinea durante el parto vaginal, por recomendación de su médico o porque la fecha tiene un significado especial para ellas.

Si este es el método que usted eligió —y no se hace por emergencia o patología— tenga en cuenta que la cesárea es considerada por la Organización Mundial de la Salud como una intervención quirúrgica de alta complejidad, que debe contar con razones médicas de peso para su realización, ya que entraña riesgos y consecuencias adversas para las mujeres, así como para los recién nacidos. El riesgo de mortalidad materna como consecuencia de la cesárea sigue siendo tres veces mayor en relación con el parto vaginal, con una mayor morbilidad y mortalidad fetal y neonatal relacionadas con prematuridad, mayores índices de hospitalización de los recién nacidos en unidades de cuidados intensivos y enfermedades respiratorias.

La gineco-obstetra Graciela Aybar explica que la cesárea —si es a la carta— solo debe programarse después de las 39 semanas de gestación. Y lo ideal es que únicamente se efectúe en casos de preeclampsia, diabetes, trombofilia, etc., o cualquier enfermedad que aumente el riesgo para la madre y su hijo de enfermar o morir.

Si no hay forma de evitar la cesárea, la mamá puede exigir que sea “humanizada”, como la de Dunia Romero, quien tuvo una cesárea de emergencia, pero fue atendida como reina durante la intervención: se le informó de todos y cada uno de los procedimientos que se le realizaron, se le aplicaron medicamentos mínimamente invasivos para ella y su bebé, la dejaron cambiar de posición y caminar —mientras pudo— en un intento por conseguir un parto natural hasta el último momento. Su marido nunca se separó de su lado.

PARTO VAGINAL EN LA CLÍNICA U HOSPITAL
Si usted es una de esas mamás “alternativas o especiales” como les gusta llamar en los hospitales nacionales a las mujeres que quieren parto vaginal sin intervenciones, es importante que sepa que se le intentarán aplicar procedimientos de rutina, como por ejemplo la episiotomía (corte del perineo). Estudios de 30 años atrás ya apuntaban los perjuicios del recurso, pero todavía se enseña y se practica. Muchas mujeres sufren, más tarde, por causa del corte, que puede provocar dolores durante las relaciones sexuales y frecuentemente cicatriza mal, obligando a varias a buscar cirugía plástica correctiva.

Otro procedimiento común es la maniobra de Kristeller, un método copiado de Game of Thrones. Consiste en encaramarse sobre la gestante para empujar su barriga hacia abajo y así “ayudar” al bebé a salir. Según Yanette Gutiérrez, enfermera obstetra, este recurso está prohibido incluso en los libros de medicina: “Acarrea riesgos altísimos para la madre y su bebé, desde romperle el hígado a la madre hasta fracturar al bebé”, explica.

Bozena Kowalczyk de Fernández lo vivió en una prestigiosa clínica panameña: su doctor no solo se le subió arriba de la panza, sino que obligó a su esposo a subirse también. Bozena se desmayó del dolor y la impresión. Cuando despertó estaba lista para la cesárea, una que nunca quiso, a pesar de habérselo planteado varias veces a su médico. Drogada en contra de su voluntad, fue obligada a autorizar la cesárea y después de eso no se acuerda de nada más. Hoy Bozena sufre de depresión y aún no se recupera del trauma. Pero volvió a quedar embarazada, y esta vez su hijo nació en casa, “tranquilo, rodeado de su familia, feliz”.

Lianne Van Der Wall tuvo, en cambio, una muy buena experiencia en otro hospital local. Tuvo un parto vaginal 100% natural que describe como “hermoso, empoderador y espiritual”.  A los 7 meses de embarazo su ginecólogo “de toda la vida” le aseguró que su mejor opción era una cesárea porque ella “no podría manejar el dolor”. Lianne cambió de médico. Su nuevo doctor y una doula la ayudaron a sentirse capaz de parir naturalmente y la prepararon mentalmente para imponer sus deseos, si fuese necesario, a fin de tener el parto que ella quería. 

Su médico, además, se aseguró de que su plan de labor y parto se cumpliera, de que su bebé no fuese separado de ella en ningún momento y que no se le diera fórmula. El staff del centro médico la ayudó en todo momento, especialmente con la lactancia. 

En el Simposio por un Parto Humanizado, llevado a cabo recientemente en Panamá, el pediatra neonatólogo Alberto Heart aconsejó que, para un parto respetado, también se debe tener en cuenta que:

1. Tanto el padre del bebé o la pareja de la gestante debe estar involucrado, informado y atento a los procedimientos y medicamentos que se le aplicarán a la madre y al bebé.

2. El primer contacto del bebé con la madre debe ser “piel con piel” durante, por lo menos, su primera hora de vida (si el recién nacido está sano y no presenta ningún problema serio). Si la madre está nocaut por la cesárea, el padre o el acompañante pueden sustituirla poniéndose al bebé en el pecho.

3. La succión de mucosa y líquido de nariz y boca solo debería hacerse con gasa y no con sondas o succionadores, a menos que sea estrictamente necesario.

4. Cortar o pinzar el cordón umbilical como mínimo después del primer minuto de vida, y no inmediatamente.

5. No bañar al bebé durante sus primeras 24 horas.

6. Hacerle una reevaluación a las 72 horas de vida.

¿Y SI QUIERO EPIDURAL?
“Kein problem”, le dirían las matronas alemanas, y después le pasarían cinco folletos explicándole el funcionamiento de la anestesia, cómo se aplica y todos los efectos secundarios. La cantidad que le administren dependerá de distintas variables, pero en general, la dosis es sumamente baja.

La doctora Camacho confirma que, recientemente, se está intentando administrar la menor cantidad de anestésicos, “suficientes para causar alivio, pero sin eliminar por completo el dolor, de manera que no se interrumpa la labor de parto”. La literatura científica demuestra que este medicamento prolonga el trabajo de parto y aumenta la necesidad de administrar oxitocina sintética, además de interferir con la lactancia. “Pero en ocasiones —reconoce— la epidural tiene un efecto positivo en el avance del parto, probablemente en mujeres con mucho temor, ya que las ayuda a relajarse y fluir con la cascada hormonal del parto”.

CASA DE LOCOS
En la casa de Virginie se armó una fiesta con vecinos y amigos; a Malena le tocó una cuadrilla de albañiles sobre el techo de su casa mientras paría; Delyleth lo hizo en la ducha mientras todos dormían. El hijo de Mar no esperó por el doctor y nació con la ayuda de sus padres y abuela. Y en el parto de Alanna, además de los médicos, la ayudaron sus papás con toallas, agua y comida. Malú, Angie y una larga lista de mujeres, panameñas y extranjeras, que compartieron sus historias para inspirar este reportaje, sienten que la experiencia las empoderó y las hizo sentirse supermujeres, aunque en realidad son tan humanas (o extraterrestres subversivas) como usted y como yo.

En la ciudad de Panamá, los gineco-obstetras Graciela y Rodrigo Aybar suman más de 300 partos en casa. De ellos, solo siete pacientes han debido ser trasladadas a un hospital para efectuarles una cesárea “porque su labor de parto no avanzaba de la manera esperada, lo cual es cerca del 2%, mucho más bajo que el porcentaje de operaciones que se presentan en los hospitales públicos o privados” (23%, según el Ministerio de Salud).

Según Graciela Aybar, para parir en casa se debe tener un embarazo “de bajo riesgo”, es decir, “una mamá y un bebé sanos, de entre 37 y 42 semanas de embarazo, que no presenten patologías que aumenten la posibilidad de tener complicaciones durante la labor. El bebé debe estar en la posición adecuada, con su cabeza orientada hacia el canal de parto, tener un tamaño adecuado y todas las evaluaciones que nos permitan asegurar que tiene buena vitalidad”.

No se usan medicamentos para aliviar el dolor o acelerar la labor de parto. Solo se utilizan técnicas naturales como la inmersión en agua caliente en una piscina especial o bajo la ducha, los cambios de posición, masajes, etc., para hacer el proceso más confortable.

Para Aybar, muchas mujeres prefieren tener el bebé en casa “porque las hace sentir más tranquilas y relajadas al estar en su espacio habitual, su cama, su baño, sus familiares cercanos. Pueden movilizarse en libertad, ingerir alimentos, bebidas, escuchar música o hacer cualquier actividad que las relaje y ayude en el proceso, y valoran muy especialmente la no separación en ningún momento de su bebé”.

Mientras se controle el embarazo adecuadamente desde el inicio para descartar enfermedades que aumenten el riesgo durante la labor, decidirse por un parto en casa no debería acarrear ningún riesgo.

La casa debe tener condiciones normales de higiene y no es necesario esterilizarla. Tampoco se necesitan ambientes especiales. Y, si llegara a haber cualquier complicación o la paciente siente que realmente no puede con el dolor de las contracciones, entonces se le lleva inmediatamente al hospital.

Sea cual sea la opción que se elija para traer al planeta Tierra bebés “programados, marcianos, alternativos y/o especiales”, lo más importante es contar con toda la información necesaria sobre el proceso y los procedimientos del método elegido, pero, sobre todo, empoderarse, confiar en sí misma y exigir que se cumplan sus deseos. 

¿QUÉ PREGUNTAR AL DOCTOR?
• ¿Qué porcentaje de partos vaginales y cesáreas ha realizado?
• ¿Cuál es su política de inducción de la labor de parto y qué métodos utiliza?
• ¿Qué opina sobre romper la fuente artificialmente?
• ¿Cuánto es el tiempo que espera para considerar una cesárea?
• ¿Utiliza usted medicamentos para acelerar el parto?
• ¿Es obligatorio que me pongan venoclisis y enemas durante el parto?  ¿Por qué?
• ¿Discutirá estos tratamientos conmigo antes de indicarlos?
•  ¿Cuántas veces me tiene que examinar antes del parto?
• ¿Podré adoptar la posición más cómoda para mí durante la labor y el parto?
• ¿Cómo monitorizará a mi bebé? ¿Esto me puede afectar?
• ¿Qué formas no medicamentosas conoce para aliviar el dolor durante el parto?
• ¿Qué riesgos tiene la epidural para mí o mi bebé?
• ¿Con qué frecuencia hace episiotomías?
• ¿Puedo tener un parto vaginal después de una cesárea?

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