Laura Dihuignidili Huertas: Aspira ser la primera presidenta indígena de Panamá

Su espíritu aguerrido lo atribuye a su bisabuela. “Tú debes ser mi voz, no calles ante las injusticias”, le reitera la guía familiar guna. Laura Dihuignidili Huertas, una joven de 24 años de edad nacida en Ciudad de Panamá, pero criada entre las olas del mar, el verdor de la naturaleza y la cultura de su pueblo Niadub, comunidad de la comarca Guna Yala

28 diciembre 2019 |

Rememora el pasado en las palabras de Lidia Rivera, predecesora de su madre. No para recriminar sino para aprender, actuar, evitar que se repitan actos desfavorables para su pueblo y dar pasos hacia un desarrollo integral de las comunidades originarias. “Mi bisabuela y su madre vivieron la Revolución Guna (1925). Me cuenta que a su mamá la violaron.


Tenían que esconder a las niñas en la arena para que no corrieran con el mismo destino. A los 12 años se casó y fue violada por su esposo, muchos años mayor que ella. Hoy me dice 'quiero que luches por ti y por los demás. No quiero que personas queden impunes'”. Por temas educativos, desde la infancia Huertas es trasladada a la capital; sin embargo, sus padres se toman la tarea de inculcarle su cultura y tradiciones. “La migración hacia la ciudad la pasamos muchos indígenas. Una de las estrategias de mis papás para que no perdiera mi esencia fue nunca desvincularme de la comunidad, recordar de dónde venía, por qué estaba en la ciudad, cuáles eran mis raíces, qué era lo importante de ser indígena y autodeterminarme como mujer indígena. Laura “diosa de la naturaleza”, pues así se traduce al español “Dihuignidili”, dio valor a los consejos de su bisabuela. Hoy, desde diferentes trincheras, es la voz de la población joven indígena.

Fue elegida como Embajadora de la Juventud por los Objetivos de Desarrollo Sostenible, representó a la juventud panameña en la Reunión Regional sobre Población y Desarrollo de las Naciones Unidas en México, estudia Derecho y Ciencias Políticas, trabaja para la primera firma de abogados de indígenas en Panamá y preside Anyar, una iniciativa para salvaguardar los recursos naturales de los siete pueblos originarios de Panamá..

Lidia Rivera tiene un papel relevante en su familia. ¿Por qué cree que su visión en cuanto a la educación no es similar a la de la mayoría de los ancestros indígenas, pues la tasa de deserción escolar en estas zonas es alta?

Nosotros crecimos con ciertos privilegios que no tienen muchos niños de la comunidad indígena. Mi papá es abogado y mi mamá, educadora; a pesar que mis abuelos no estudiaron, mi bisabuela trasmitió esa visión. No puedo decir que los demás no la tienen porque en la comarca todos desean superarse; sin embargo, considero que hay falta de interés. El criarte en un entorno donde trabajar en el campo es importante, lo cual no es malo, no te permite visualizar la importancia de la educación.

“La verdad es que en la comarca no hay anticonceptivos, no llegan, no hay centro de salud. Para recibir atención u orientación médica en el tema de sexualidad tienen que pasar a regiones muy distantes...”

¿Cuál identifica como el principal problema que aqueja a los jóvenes indígenas?

El tema de la educación. A nivel nacional tenemos un problema de educación, es una pobreza estructural en general. La estructura educativa en Panamá nos prepara para trabajar en empresas, no nos enseña a ser emprendedores. Además de la educación, para las zonas indígenas también está el problema del desempleo y lo que nos viene avasallando, el cambio climático.

Las uniones libres y los matrimonios a temprana edad son parte de las razones por las que la población indígena abandona los estudios. ¿Cómo ve estas prácticas?

Sí existen matrimonios de menores de edad dentro de las comunidades. Pero este es un tema delicado, pues en las comunidades tenemos nuestras manera de vivir la sexualidad. Cuando la niña se desarrolla ya es considerada una mujer; sin embargo, nuestras autoridades están conscientes de que no se pueden casar tan jóvenes y muchas comunidades han tomado medidas para evitar esto. No se dan matrimonios forzados. Son derechos individuales que tiene la mujer, ella decide cuándo y con quién quiere casarse. Se han tomado medidas para que no se casen antes de los 15 años. Se les está explicando a los chicos que para dar ese paso se necesita una madurez, pero nosotros vivimos la sexualidad de una manera diferente.

¿A qué se refiere con diferente? En el tema del desarrollo de las niñas. En mi caso, me desarrollé a los 12 años, me hicieron mi fiesta tradicional y fui presentada. El pueblo sabía que ya yo era una mujer, eso acá (en la capital) no se hace. Yo ya estaba lista para el matrimonio y tener hijos, si así lo quisiera.

¿Qué educación sexual reciben?

Se habla mucho de que el indígena no se quiere cuidar. La verdad es que en la comarca no hay anticonceptivos, no llegan, no hay centro de salud. Para recibir atención u orientación médica en el tema de sexualidad tienen que pasar a regiones muy distantes, no es que no queramos, sino que muchas veces no hay ese tipo de acercamiento con las mujeres. Además, nosotros pensamos en tener familias grandes, pues es nuestra cultura. Nuestra manera de ver la sexualidad no es la misma que en la capital y llegan proyectos hechos en función de la capital y no funcionan, porque no te tomaste el tiempo de pensar en nuestra cosmovisión y sobre cómo vemos el cuerpo de la mujer.

¿Qué soluciones propones en el tema de acceso a la educación?

Tenemos que pensar en hacer carreteras o trochas en las comunidades. En hacer colegios y que los profesores vayan a trabajar, porque esa es otra situación que pasamos, algunos profesores van solo dos veces a la semana. Hay que ver a quién estamos capacitando para llegar a esas comunidades y también podemos utilizar el mecanismo de la escuela informal, porque es obvio que no vamos a poder abarcar todo el problema. Una comunidad pequeña puede tener una escuela informal y capacitar a la gente del lugar para que ellos sean los agentes repetidores. Eso nos generaría una economía circular.

Cambiemos de tema, ¿estarías de acuerdo con el desarrollo turístico?

Sí. Este desarrollo es necesario, pero que el beneficio sea realmente para los pueblos indígenas, no que sea un progreso como lo pintan muchas trasnacionales, destruyendo. Este progreso debe ser de la mano con los pueblos indígenas, respetando sus autoridades y autonomía.

Los originarios pueden transitar libremente por todo el territorio nacional, pero el resto de los panameños no a zonas indígenas, ¿es justo y necesario?

Sí, al ser un área protegida, el territorio indígena tiene que respetarse. Nosotros ya estábamos allí y si no cuidamos esa parte de tierra, ya no tuviéramos nada. Si dejamos una entrada descontrolada habrá más contaminación, los colonos o las personas no indígenas estuviesen sacándonos de nuestras tierras. Es una realidad que todos quieren ir a la maravilla, pero nadie quiere aceptar las responsabilidades de cuidar esa maravilla.

¿Cuál es el valor de los pueblos indígenas?

Hemos marcado a la sociedad panameña. No estábamos siendo visibilizados. Pero somos un pueblo fuerte y le hemos enseñado a la población que no nos vamos a dejar vulnerar ningún derecho y cuando los indígenas salimos a la calle es que vamos de verdad. Con Rosa Iveth hemos demostrado que la mujer indígena es bella, eso fue histórico. Los pueblos somos agentes de cambio, somos guardianes de los bosques.

Los pueblos indígenas tienen autonomía; no obstante, participan de la política a nivel nacional. ¿Cuánto valoran los jóvenes las elecciones y acciones de las autoridades regionales?

Hay pocos jóvenes interesados en la política por el tema de la corrupción; año tras año hemos visto la desigualdad. Estamos cansados de eso; sin embargo, también hay grupos que tienen su mirada hacia las acciones de los políticos.

Hablando de corrupción, ¿habrá en los congresos indígenas y si hay, cómo se aborda el tema?

En todas partes existe la corrupción, pero creo que dentro de las comunidades indígenas el ser corrupto te marca negativamente. En los pueblos indígenas todos somos familia y tener esa marca no es bueno para tu familia. El tema se maneja de buena manera, Ahora tenemos autoridades nuevas y les hemos dado nuestro voto de confianza.

¿En cinco años dónde veremos a Laura?

Con una carrera política, con mi organización Anyar dando todo, ayudando a la comunidad indígena y caminando los siete pueblos indígenas. Haciendo más visible de manera internacional a los jóvenes indígenas.

¿Ves a alguna mujer indígena como presidenta de Panamá?

¡Claro que sí, yo seré la próxima presidente! Siempre lo he pensado y he tenido aspiraciones políticas desde muy pequeña. Yo seré la primera presidente indígena.

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