Nilda Quijano – La mujer en Manzanillo

Nilda Quijano es la mayor de siete hermanos a quienes cuidó y protegió ya que su vida transcurría en un barrio humilde de Colón.

05 febrero 2019 |

Hoy su familia es mucho más grande y compleja, pero acepta el reto con seguridad. Como Directora de Recursos Humanos y de la Comunidad del Puerto de Manzanillo, Nilda tiene a su cargo casi setecientos empleados y todos los proyectos que la administración de este grupo de personas conlleva.
Además, crea, implementa y supervisa todos los programas de asistencia a la comunidad que promueve la empresa, los cuales son muchos y nada fáciles, pero afirma que las dificultades son pequeñas comparadas con la satisfacción de ayudar. Su propósito diario es buscar, constantemente, el balance entre las metas y aspiraciones de la empresa y la calidad de vida de sus empleados.
Desde sus años de estudiante en el colegio Abel Bravo se logra entrever la calidad humana de Nilda. Su liderazgo fue decisivo para que en 1974, año de su graduación, 198 de 200 estudiantes obtuvieran su diploma, gracias a un “programa” de ayuda que Nilda instituye. Ella daba clases especiales a los alumnos de colegios privados del área, para ayudarse con sus gastos y los de su familia, y traslada esta experiencia a su propia comunidad estudiantil, eximiendo del pago a los alumnos más necesitados.
Es común encontrar el nombre de Nilda Quijano en los diarios locales. Su trayectoria como Presidenta de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa – Capítulo de Colón, miembro destacado del Club Rotario y de otras asociaciones enfocadas hacia el mejoramiento de la provincia le han merecido el respeto y admiración de la comunidad.
Completar su educación fue un proceso largo y accidentado, pero siempre fue su meta. Su infancia transcurre en la comunidad rural de Santa Rita, desde donde viajaba a la escuela Carlos Clement. Cuando inicia la secundaria ya estaban instalados en Colón, pero Calle Novena y Amador Guerrero no era exactamente un barrio fácil. Sin embargo, el modelo de su padre, siempre atento a la educación, y su enorme fe constituyeron un motor para seguir adelante.
A partir del tercer año de secundaria, Nilda estudia becada gracias a sus excelentes calificaciones y se gradúa con tercer puesto de honor. Inicia su carrera de ingeniería en la Universidad Nacional y, luego de un año y medio, viaja a Tashkent, Uzbekistán, en la antigua Unión Soviética, gracias a una beca de la Unión Internacional de Estudiantes. Tenía 19 años, no hablaba ruso y partió con un dólar en el bolsillo.
Circunstancias personales no le permiten terminar la carrera y a su regreso, gracias a la nueva lengua que dominaba, empieza a trabajar como secretaria en International Ciers – Zona Libre, desde donde, luego de 18 años y un aumento importante de responsabilidades, la transfieren a Manzanillo. Ese año había decidido volver a la universidad: era un proyecto que necesitaba terminar. Cursando ya el último semestre de Administración de Empresas en la USMA – extensión de Colón, la Ulacit abre un programa de maestría y la aceptan. Vive entre su nuevo trabajo, el último semestre de estudios de licenciatura, la preparación de su tesis, sus estudios de maestría y su vida familiar. Se gradúa Suma Cum Laude con el segundo puesto de su promoción en la USMA. Le había prometido a su hijo que se graduaría con honores y las promesas hay que cumplirlas. No conforme con tanto título, se matricula en un Diplomado Satelital en la Universidad Tecnológica, y recientemente terminó un postgrado en Mediación.
Actualmente, Nilda puede ver hacia atrás y reconocer que cada una de las dificultades que enfrentó de alguna manera la enriquecieron; puede reconocer también que su fe en Dios ha sido un pilar importante y que, por supuesto, su padre tenía razón cuando le explicó, desde muy niña, que la educación es el vehículo para la superación.

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