De la libertad sexual de la mujer a la sumisión, ya en el antiguo Egipto

La historiadora Ada Nifosi publica una investigación sobre la pérdida de derechos femeninos en el periodo grecorromano

11 mayo 2019 |

Si Hatshepsut, la reina que lideró uno de los periodos más florecientes del antiguo Egipto gracias a sus habilidades como faraón, hubiera levantado la cabeza unos mil años después de su momificación, no hubiese dado crédito al retroceso sufrido por la mujer en su querida Kemet. Sin duda, la igualdad de género también era un tema pendiente en la llamada época faraónica pero la mujer gozaba de unos derechos y libertades que, en lugar de ganar terreno con el tiempo, se esfumaron por arte de magia. Magia negra.

La historiadora italiana Ada Nifosi, de la Universidad de Kent, ha decidido aportar un poco de luz al oscuro último aliento de la civilización egipcia, a partir del siglo IV aC, adentrándose en un aspecto muy poco estudiado: la vida cotidiana de la mujer. Como resultado, acaba de publicar el ensayo ‘Becoming a Woman and Mother in Greco-Roman Egypt’ (Routledge) que delata el cambio de paradigma representado por el insignificante rol femenino jugado en el periodo grecorromano.

La pregunta surge sola. ¿Qué ocurrió para que la mujer pasase de actuar libremente y ejercer sus derechos legales a quedar totalmente sometida al hombre? “Los griegos y romanos trajeron sus propias leyes y valores culturales a Egipto”, explica Nifosi. “Esto conllevó un cambio en la libertad legal de las mujeres que se ve sobre todo en los contratos matrimoniales y en los documentos relativos a los derechos de las madres hacia sus hijos”.

Así pues, mientras que en el Egipto faraónico la mujer era libre de casarse o aparejarse con quien quisiera, en el periodo grecorromano el matrimonio debía ser aprobado y asistido por el padre de la novia. Además, “antes de casarse la mujer tenía un tutor legal y después, el marido o un hombre autorizado fiscalizaba todos sus actos legales”, detalla Nifosi.

Pérdida de derechos maternos
Otro capítulo aparte merecen los hijos. En épocas pretéritas, la mujer casada ostentaba el título de ‘señora de la casa’ y todos sus descendientes eran reconocidos y mantenidos. Después, en cambio, “el reconocimiento social y legal de los hijos dependió del padre y de la familia paterna”, explica. Además, “los niños no reconocidos podían ser abandonados y, en el mejor de los casos, si sobrevivían, eran criados como esclavos”.

No obstante, en época romana existía una ley que permitía la emancipación de la mujer. Si una esposa lograba tener al menos tres hijos, podía deshacerse del control de su esposo y ejercer actos legales de manera independiente. “¡En el antiguo Egipto las mujeres tenían el mismo derecho de independencia legal sin tener que tener hijos!”, exclama la egiptóloga.

De lo que no cabe ninguna duda para Nifosi es que el Egipto faraónico aún era heredero de cierta sociedad matriarcal. “Las mujeres podían recibir roles sociales prominentes”, indica. Como muestra, la propia Hatshepsut, pero también otras reinas y, a nivel religioso, destacaba la existencia de sacerdotisas poderosas.

‘Mujeres sabias’
La medicina también era practicada por mujeres que se dedicaban a la salud femenina e infantil. “Las matronas recibían el nombre de ‘mujeres sabias’ y no se limitaban a ayudar a dar a luz, sino que también tenían otras habilidades como tratar mágicamente a niños enfermos”. Este aspecto cambió en el periodo grecorromano. “Todavía hay comadronas, pero ya no las llaman ‘mujeres sabias’ y la medicina es practicada principalmente por hombres, que incluso se encargan de partos”. Y lo que llega a ser sorprendente: “las parteras eran contratadas por padres de familia para verificar que sus hijos eran legítimos”, revela Nifosi a partir de los documentos históricos consultados.

Uno de estos papiros no deja de ser curioso. Es del siglo IV y se encontró en Hermópolis. Narra la desesperación de una mujer mayor ante el asesinato de su hija. Más allá del dolor, la anciana muestra su desconsuelo por perder a quien la mantenía prostituyéndose. “Debido a la pobreza, algunas mujeres vendían sus cuerpos para pagar cuentas o renunciaban a su libertad para trabajar como esclavas”. “En mi investigación nunca encontré esta prostitución en el antiguo Egipto”, compara. Aunque sí existía y era aceptada socialmente, a menudo practicada por mujeres-músico que tocaban y bailaban en las fiestas de la nobleza.

Sexualidad secuestrada
De hecho, la sexualidad es otro de los aspectos que cambiaron a lo largo de los siglos. De vivirla de una manera natural por ambos sexos, sin tabúes, se pasó a un control férreo de la femenina por parte de los hombres, “especialmente en el periodo romano”, concreta Nifosi. La libertad sexual del Egipto faraónico no solo se puede constatar en las manifestaciones artísticas y literarias, también la propia escritura da fe de ello con jeroglíficos muy explícitos.

Siglos después, la mujer “perdió el control que había tenido sobre su cuerpo”, analiza Nifosi. “La castidad y la fidelidad matrimonial iban ligadas con la legitimidad de los hijos”, de ahí que la sexualidad femenina pasase a ser dominada por los hombres. Un caso que ha quedado escrito para la posteridad es el de Petronilla, una mujer egipcia que vivió bajo el dominio romano. Quedó en cinta y su marido falleció antes de que pudiera dar a luz. La familia política, para asegurarse de que no fingía el embarazo para heredar, la obligó a parir ante la presencia de testimonios. “¡Esto nunca hubiera ocurrido en el antiguo Egipto!”, vuelve a exclamar. Sin duda, ya eran otros tiempos que llegaron para quedarse.

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