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Mujeres indígenas Naso se reinventan en la pandemia

Leticia Martínez y Rosibel Quintero, dos mujeres indígenas de la Comarca Naso Tjër Di, en Panamá, fomentan el fortalecimiento del liderazgo femenino desde la niñez y la adolescencia con el objetivo de cambiar normas culturales que por años han relegado a las mujeres al cuidado del hogar y la familia.

10 enero 2022 |

En 2004 empezaron un proyecto que fue creciendo y pasó de ser un huerto escolar para alimentar a los estudiantes a un huerto comunitario y posada turística que les brindó una fuente de ingresos.
La llegada del COVID-19 las obligó a reorientar estas actividades e hizo de la agricultura familiar un medio de vida frente a la falta de ayuda económica.
El día a día 

Son las 4:00 a.m., el sol aún no despierta, pero las mujeres de Bonyic y Sieyic, en la Comarca Naso Tjër Di están listas para empezar su faena, que va más allá del cuidado de los niños y de la familia.

La Comarca Naso Tjër Di se ubica en las riberas del Río Teribe en el distrito de Changuinola, en la Provincia de Bocas del Toro, a unos pocos kilómetros del Parque Internacional La Amistad en donde convergen las fronteras de Panamá y Costa Rica.

Esta Comarca indígena está compuesta por 16 comunidades. Bonyic, es la única comunidad a la que se puede llegar por carretera desde Changuinola; allí conocimos a Rosibel Quintero e Isabel Sánchez, dos mujeres inspiradoras que lideran la Organización de Mujeres Unidas de Bonyic (OMUB).

OMUB nace en 2004 para dar solución a los problemas de nutrición y alimentación que presentaban algunos niños y niñas que asistían a la escuela de Bonyic.

Isabel Sánchez, quien era miembro del club de padres de familia de la escuela, viendo que algunos niños se desmayaban en los salones de clase, reúne a un grupo de mujeres para crear un huerto escolar para alimentar a los estudiantes, especialmente, aquellos que venían de comunidades más apartadas.

“En ese tiempo, no había beca universal, ni red de oportunidades, ni leche, ni tampoco las comidas nutricionales que suministran a los niños ahora, así que decidimos construir huertos”, nos dice Rosibel Quintero, presidenta de la Organización.

Han pasado 17 años, y el sueño que empezó con un huerto escolar, ahora también es una Posada Turística con un huerto comunitario en el que siembran pepino, cacao, lechuga, plátano, tomate, culantro, ñame, entre otros cultivos tradicionales.

Y es que, en 2010, y después de varios años de trabajo sin ganancia, estas mujeres ven su sueño cumplirse cuando obtienen un financiamiento para la construcción de una pequeña posada para turistas a través del Proyecto Binacional de cooperación entre Panamá y Costa Rica.

Los ingresos generados por la posada permitieron desarrollar la comunidad, mientras fomentaban el liderazgo entre las mujeres jóvenes, incentivándoles a continuar sus estudios universitarios.

En 2020, tras la llegada del COVID-19, la presencia de turistas cesó, dejando a estas mujeres lideresas sin ingresos fijos y con pocos recursos para alimentar a sus familias. De este modo, retomaron los huertos comunitarios, con el apoyo financiero del Programa de Pequeñas Donaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), añadiendo nuevos cultivos para garantizar su alimentación durante la crisis generada por el coronavirus.  

“A nosotros no nos llegó ninguna ayuda del gobierno, así que agarrábamos un plátano, un ñame, una gallina y con eso alimentábamos a nuestros hijos”, añade Rosibel quien agrega que esto también les permitió ahorrar algo de dinero para comprar las tarjetas de celular para que sus hijos continuaran sus estudios escolares virtualmente.

Mientras en Bonyic, las mujeres de OMUB veían sus huertos como un mecanismo para alimentar a sus familias en medio de la pandemia, en la comunidad de Sieyic, cabecera de la Comarca Naso Tjër Di, el COVID-19 generó mejores oportunidades para los miembros de la Organización de Productores Naso Ooka quienes cultivan para consumo propio y para la venta. 

“Antes de la pandemia, nosotros bajábamos a vender nuestros productos a las calles de Changuinola. Cuando llegó el COVID, todo fue incertidumbre, pero decidimos llevar nuestros productos a las casas de las personas, y logramos aumentar el número de clientes”, añade Leticia Martínez, Presidenta de Organización de Productores Naso Ooka, agregando, que la pandemia, no solo les aumentó las ventas, sino que, además, las personas buscaban verduras y legumbres libres de químicos

Leticia explica que, dado que Sieyic se ubica a varias horas en piragua y el combustible es muy costoso, los productores construyeron una balsa especial a remo que les permitían llevar una gran cantidad de pedidos de legumbres y verduras a sus clientes. Añadiendo que, por primera vez, empezaron a vender en Isla Colón navegando muchas horas a través de los caudalosos Río Teribe y Río Changuinola.

“Para nosotros los productores de Sieyic arriba, la venta de nuestros productos es muy difícil, porque es una comunidad muy distante, pero no es imposible”, concluye Leticia.

Leticia Martínez y Rosibel Quintero, son mujeres líderes, que están impulsando cambios y son ejemplos para otras jóvenes de la Comarca Naso Tjër Di. Ambas fomentan el fortalecimiento del liderazgo femenino desde la niñez y la adolescencia, con el objetivo de cambiar normas culturales que por años han invisibilizado a las mujeres, relegándolas al cuidado del hogar y de la familia.

Sobre el trabajo de la ONU 

Tanto OMUB y Ooka, forman parte del grupo de 13 organizaciones de la Comarca que participaron en una jornada de fortalecimiento de capacidades para el mejoramiento de sus cultivos familiares organizada por el Ministerio de Desarrollo Social y el Ministerio de Desarrollo Agropecuario, con el apoyo del Sistema de las Naciones Unidas, a través de la FAO, así como otras instituciones de gobierno, como el Instituto de Investigación Agropecuaria (IDIAP), Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (INADEH) y el Instituto Nacional de la Mujer (INAMU).

Esta jornada de capacitación forma parte de las acciones identificadas a través de los Diálogos de Seguridad Alimentaria llevados a cabo por el Gobierno de Panamá, con el apoyo técnico y financiero del Sistema de las Naciones Unidas, a través de sus diversas agencias, fondos y programas.

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