Adicciones en la Oscuridad

13 noviembre 2017

Adicciones en la  Oscuridad

A través de la literatura se puede tratar cualquier tema, pero qué difícil es hacerlo, en el caso de las adiciones “no tóxicas”, sin ser un especialista.

¿Por qué este tema? En la novela: “Mujeres en Fuga" se desarrollan tres adicciones, la ludopatía, la adicción afectiva y la adicción a la compra, en la vida de tres mujeres: Rebeca, Camila y Zorel. Estas historias se entrelazan y encuentran en la terapia de grupo

En el caso de la ludopatía, esta adicción se confunden con el entretenimiento y sus víctimas dice a menudo: “es solo diversión”. Caminan al borde del abismo y no lo saben. Entran al infierno y piensan que están en una fiesta. En la adicción afectiva, se creen que son mujeres que aman demasiado y que están enfermas de amor. En el caso de la compra compulsiva las adictas expresan que están en la moda, que para mejorar su imagen necesitan comprar, comprar y comprar.

         La investigación sobre el tema fue muy ardua. Las lecturas de los libros recomendados fue un proceso lento, pero efectivo. Una amiga, catedrática de la Universidad de Panamá, Yolanda Crespo me recomendó la lectura de varios libros: Agresión de Leonard Berkowitz; Maltrato y abuso en el ámbito doméstico, Jorge Corsi; Del tener al ser; La patología de la normalidad, Erich Fromm; Formaciones de lo Inconsciente; La psicología de la transferencia, La maestría del amor Miguel Ruiz; Una tregua ante las dificultades, Walter Eckard, entre otras.

         En la investigación in situ, visité los casinos en una acción encubierta y percibí cierta peligrosidad, ya que podían sospechar mis intenciones, no obstante, era importante descubrir el mundo oscuro de la ludopatía. Fue toda una aventura y me sentía como una espía. Me senté frente a una máquina y pedí a uno de los asistentes que me instruyera. Con la primera moneda de 0.25 me gané 79.00 dólares. Suerte de principiante. No saben la euforia que experimenté. Entonces comprendí que ese era el primer paso para caer en el pantano de la pasión por el juego.

En las entrevistas encontré cierto grado de complicación, porque la mayoría de las adictas están en negación. Entonces, recurrí a la Internet y cuando se escudan  en el anonimato de un “nic”,  confiesan el tenebroso mundo de la ludopatía. La compradora compulsiva es abierta y  muestra todas sus compras. La mujer con una adicción afectiva habla todo el día de aquel maravilloso hombre: único motivo de su existencia.  

         Otra de las investigaciones para conocer los sentimientos de la compradora compulsiva la realicé en Multi Plaza. Después de varias vueltas por el centro entré a un almacén que vendían perfumes. De pronto, sentí una rica fragancia que emanaba de una señora  que estaba siendo atendida por la vendedora. A cierta distancia escuché el diálogo.

     —Por favor, póngame la muestra en el dedo índice —le dijo a la dependiente, señalando un pequeño envase de cristal en lo alto del mostrador, fueron varios los perfumes, perdí la cuenta, pero ya no le quedaron dedos para oler; todos se habían ido poblando, uno por uno, de un nuevo olor, de una nueva tentación inexorable. La vendedora los veía pasar, u—n—o—p—o—r—u—n—o, por la nariz de su clienta. A veces se detenía y se dejaba embriagar por el dulzor de éste, o la esencia cítrica de aquél, o la penetración del que decía estar hecho con una conjunción de flores y finas hierbas. Y los deslizaba despacio, u—n—o—p—o—r—u—n—o, muy despacio. Y la mirada que permanecía fija en la distancia. Y las cejas arqueadas. Y la boca entreabierta. Y de repente los ojos cerrados. Y otra vez abiertos, con brusquedad. Y un respirar profundo, como si la vida se escapara, como si no fuera posible respirar más, o elegir la senda de su salvación. Y, más tarde, una enorme sonrisa que le iluminaría el semblante, aún en éxtasis, para cuando la vendedora le preguntó, impaciente:

—¿Cuál se va a llevar, señora?

Reaccionó como quien despierta de un sueño.

—Con calma —le dijo— No me gusta apresurarme.

La vendedora estaba incómoda, esperaba impaciente y molesta. Vuelve  a preguntar  cuál compraría. La señora le responde.

—La verdad es que, como me cuesta decidirme, los voy a llevar todos.

—¿Los diez?

—¿Algún problema con eso?

—¡No, para nada, le aseguro que no se va a arrepentir!

     El esfuerzo de este trabajo investigativo se vio compensado con el testimonio de varias adictas-lectoras que han tomado conciencia de su problema y buscan alternativas de solución. Han comprendido que el primer paso es la aceptación y el segundo, buscar ayuda especializada. Ellas han dado esos dos pasos en la senda de la recuperación. Permítanme referirme al más reciente. Estaba negociando un contrato de Edición con los ejecutivos de Gran Morrison y de repente se acercó una señora y me preguntó si yo era Rose Marie Tapia, entonces me contó uno de los testimonios más bellos que he recibido en mi carrera de escritora. Ella tenía una adicción afectiva y producto de su enfermedad no podía dejar a su pareja. Esta novela la hizo tomar conciencia, buscó a un psicólogo y después de meses de terapia se separó de  ese hombre que la maltrataba y disminuía su autoestima. Un año después se enamoró del hombre adecuado y  ese día en particular en compañía de unos amigos celebraba su matrimonio civil. Conmovida afirmó que Dios había propiciado ese encuentro para darme las gracias.

Mi objetivo con esta novela es hacer un llamado a la conciencia de las personas que ya son adictas y a otras que piensan que se divierten y están a punto de caer en el abismo de la adicción. Busquen ayuda, no están solas.

La novela Mujeres en Fuga es una luz en la oscuridad de las adicciones. Que las personas con problemas similares a los personajes de esta obra se den cuenta de que la vida es alegría y que en sus corazones siempre encontrarán la esperanza para seguir adelante y vencer cualquiera adversidad. La alegría nos hace más ligera la carga. La alegría no es un estado de ánimo, sino una decisión que podemos tomar aquí y ahora.

 

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