Tener vida (COL 2,20)

08 junio 2016

Tener vida (COL 2,20)

“Si realmente ustedes han muerto con cristo, liberándose de los elementos del mundo, ¿por qué ahora se dejan adoctrinar como si todavía fueran del mundo?”

Compartiremos, queridas lectoras, desde los documentos de la Iglesia, cómo ha evolucionado el rol de la mujer. Para conocer y profundizar en el tema, puedes leer el Documento de Aparecida, presentado hace 9 años en Brasil, por los obispos del mundo.

“La Iglesia ha reflexionado paulatinamente sobre el papel y el protagonismo de la mujer en la Iglesia y en el mundo. En América Latina a través de los documentos del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, la Iglesia ha hecho énfasis en una serie de proposiciones en orden a valorar dicho papel, a pesar de los condicionamientos culturales que le ha tocado vivir a la mujer en un contexto signado por una mentalidad machista como bien lo ha expresado el Papa Benedicto XVI: “En América Latina y El Caribe es necesario superar la mentalidad machista que ignora la novedad del cristianismo, donde se reconoce y se proclama la igual dignidad y responsabilidad de la mujer con relación al hombre” (DI 5. DA 453).

El Documento de Puebla , producto de las reflexiones y deliberaciones de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, ha planteado elementos de sumo interés para calibrar la importancia del papel de la Mujer en la Iglesia y en la realidad social. Reconoce la dignidad e igualdad de la mujer con el hombre (cf. DP 317, 841, 847), su misión en la Iglesia (cf. 842-848), su presencia transformadora en la organización de la sociedad (DP 1219), pero también el reflejo de su rostro específico entre los pobres y oprimidos (DP 834-838), por ser víctimas de una doble opresión y marginación (DP 1134. Nota 331). Para esa época se planteaba el desafío de la promoción de la mujer a lo que se le consideraba “un auténtico signo de los tiempos” (DP 849).

En el Documento de Santo Domingo, aunque no fue redactado con tanta estructuración y profundidad teológica pastoral como si lo fue el Documento de Puebla, tiene algunos elementos interesantes para la reflexión sobre la mujer. Fundamentado en el texto de San Pablo en su Carta a los Gálatas 3, 26-29, el cual dice “no hay hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo”, proclama la igualdad fundamental de los seres humanos, todos somos iguales en Cristo. Las mujeres constituyen, en igualdad de condiciones y dignidad con relación al hombre, el pueblo de Dios, por lo que deben ser reconocidas como sujetos de la nueva evangelización (SD 25), ellas forman parte constitutiva de la misión encomendada a la Iglesia: Evangelizar; por tanto, deben ser aceptadas y valoradas en la comunidad eclesial y en la sociedad “no solo por lo que ellas hacen, sino sobre todo por lo que ellas son” (SD 108).

Quince años más tarde tiene lugar el acontecimiento de Aparecida. Ciertamente se han profundizado las brechas de injusticia y exclusión en el continente; nuevas expresiones de injusticias se hacen más visibles en torno a la mujer: discriminación social, política, económica; tráfico de personas, esclavitud y acoso sexual, el turismo sexual, migraciones;  y a pesar de esto, también se ha visto desarrollado la presencia de la mujer en la sociedad, en la educación, en el mundo empresarial, en los medios de comunicación, en la Iglesia. La situación es compleja ante las graves barreras que aún hoy se ponen para que el “genio femenino” tenga el puesto que de por sí se merece.

En el Documento de Aparecida aparecen 7 números referidos a la dignidad y participación de las mujeres (451-458); estos números están propuestos en el capítulo 9 intitulado: Familia, Personas y Vida, lo que no quiere decir que sean las únicas referencias respecto a la mujer en el documento, puesto que la mujer tiene un papel preponderante como miembro del pueblo de Dios. Al formar parte de este capítulo la tendencia es pensar y definir a la mujer desde la familia, desde su misión maternal y educadora.

He decidido compartir textualmente el texto porque es muy directo y refleja un análisis de nuestro recorrido como tema de interés y relevancia en la Iglesia, el reconocimiento que se hace a la condición de la mujer y las necesidades que la misma tiene; más aún, nos invita a las mujeres a conocer sobre los retos que se plantean, del cómo aportaremos individual y asociativamente como agentes de cambio, como mujeres que contribuyen de forma puntual y efectiva, además de empoderarnos y empoderar a las generaciones. Si deseamos un mundo que tenga la vida de Dios,  se requiere que no nos dejemos seguir arrastrando con verdades a medias, con mediocridades y, en ocasiones, con  interpretaciones fueras de contexto.  Shalom

Pensamiento

“La mujer, su carisma especial y su función hoy”. Papa san Juan Pablo II. Discurso dirigido el 7 de diciembre de 1979 al Centro Femenino Italiano. 

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